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El
sueño de crear
Cuando
se pregunta a Esther Arias qué la impulsó a comenzar
a pintar, ella responde que fue el deseo de crear por una parte,
la curiosidad por experimentar con el color, por otra.
Esther
ser formó en el campo de la pintura decorativa pero muy
pronto, la magia de la luz y la sombra la impulsó a ponerse
delante de un lienzo en blanco y plasmar en el las sugerencias
que dejaban en su interior, todo lo que la rodeaba.
Las calles, los paisajes de Cataluña, la fuerza del mar,
los ocres del otoño o el color multiplicado de la primavera.
La suya es una pintura intuitiva. Sus cuadros no tienen nombre
porque es imposible poner nombre a los sentimientos.
Son
los que miran cualquiera de mis cuadros los que tienen que adoptarlos
como suyos y poner en ellos los sueños que los inspiran.
Esther
ama Barcelona. La vieja dama, que aún en sus rincones más
sombríos guarda el estilo de saberse cuna de alturas.
Y
es en esa Barcelona antigua y moderna, una Barcelona recuperada
por los jóvenes que saben ver el encanto de sus piedras
recuperadas recuerdo de siglos pasados, donde ha instalado su
taller estudio. Una casa del siglo XVIII, en un barrio de artesanos
que como ella, gustan del trabajo que sale de las manos y del
corazón y que hoy recuperan todos los que como Esther piensan
que para ir al futuro nada mejor que tener los pies bien firmes
sobre las raices.
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